(contra)memorias, por mario rabey


más de cuarenta años de construcción cultural de la Civilización, contra una Civilización que destruye y se destruye


contracultura es la reacción de las culturas

Otras historias

24. Un tiempo rur-urbano: viviendo en Pablo Nogués

Alrededor de 1980, conocí a Jorge Pistocchi y Ralph Rotchild. Jorge había sido uno de los editores de la ahora legendaria revista El Expreso Imaginario, que había estado saliendo desde 1976. Una revista impresionante, ya desde la tapa, si consideramos que se publicaba en Buenos Aires en medio de la Tercera Guerra Mundial. La hacían Pistocchi, junto con Alberto Ohanian y mi viejo y querido amigo Pipo Lernoud, actuando como Jefe de Redacción José Luis Damato, quien luego pasaría a otra revista notable de la época: Mutantia, que dirigía Miguel Grimberg. Hace unos años, Ricardo Terriles escribió una interesante Tesina de Licenciatura en Comunicación Social, dedicada íntegramente al Expreso. Cuando yo los conocí, Jorge y Ralph estaban empezando otra revista, Zaff, en la cual colaboré con varios artículos. Inmediatamente después de Zaff, armaron otra revista, Pan Caliente, donde también escribí varios trabajos, incluyendo un artículo que volví a publicar hace poco en mi blog: El Imperio y los Rebeldes.

Mientras escribía colaboraciones para Pan Caliente, ya a fines de 1981, fui conociendo a un conjunto de personajes muy interesantes que estaban vinculados con la revista. Allí se dio, casi espontáneamente, que me pidieron que les organizara cursos sobre temas de Ecología. Retomé un curso de posgrado de Ecología Humana que había armado unos años antes en la Universidad del Salvador y rápidamente se armaron varios grupos. Lo que ganaba con estos cursos me permitió reemplazar parcialmente la merma de ingresos que me representó el cambio de autoridades en la Universidad del Salvador en 1980, a consecuencia del cual perdí los contratos de docencia e investigación que había tenido allí durante dos años. Como un poco antes había conseguido un reparto de champiñones, para lo cual me compré una furgoneta Citroen 3CV usada, el cuadro económico y de comodidades se me había completado satisfactoriamente.

Para esa época, yo ya estaba viviendo en la primera casa que conseguí comprar. Eso fue a principios de 1979. Como mi amigo Daniel González se había querido a vivir solo al centro de la ciudad, me pidió que le dejara la casa de Tapiales, para alquilarla y con esos ingresos, a su vez pagar el alquiler de un departamento. Entonces, con María y mi hijo Pablo, que ya tenía un año de edad, nos fuimos a vivir en la casa de mis entonces suegros, unos humildes trabajadores que vivían en un barrio obrero cercano a la localidad de Polvorines. Fue muy buena esa mudanza, porque como estábamos un poco apretados, yo decidí endeudarme hasta las orejas (me prestaron plata Rosalía González -la madre de Daniel- y Yiyo Starc, y además tomé préstamos del banco Provincia y de la Caja de Ahorro) y comprar una casa muy sencilla, muy poco equipada, pero con tres unidades de vivienda una al lado de la otra. Quedaba en Polvorines, ya muy cerca de la estación Pablo Nogués.

Una de las viviendas la alquilamos, para ayudarnos a salir de deudas. En otra se instaló mi viejo, Benito, quien finalmente había tenido que abandonar el departamento de Callao y Lavalle, al terminar la Ley de Alquileres. Y en la tercera me instalé con María, Pablo y Eva, que acababa de nacer en marzo de 1979. Además, la casa tenía un gran lote (25 metros de frente por cuarenta de fondo) y estaba rodeada por un montón de lotes vacíos. El lugar se prestaba para una buena vida, rur-urbana.

Yo salía varias mañanas por semana a repartir champiñones. De allí me iba a veces a dar clases particulares. Y después, también a veces, a la redacción de Pan Caliente. El resto del tiempo, lo pasaba en casa, donde leía y escribía mucho. Venía seguido Rodolfo Merlino, con el cual estuvimos escribiendo varios ensayos, y a veces iba yo a trabajar y pasarla realmente bien en su casa en Bella Vista. Mi viejo estaba casi todo el tiempo en la casa, con los dos chiquitos, ayudado por una señora que venía a colaborar en las tares domésticas, mientras María se iba a trabajar como enfermera a una fábrica cercana. El viejo se organizó una buena quinta, la pasaba fenómeno con Pablo y Eva y se hacía unos asados fantásticos.

Los fines de semana, venían amigos, de los que se iban nucleando en las reuniones y grupos de Pan Caliente. Con ellos, armamos GIDEA (el Grupo Interdisciplinario para el Desarrollo de Eco-Alternativas), del cual voy a hablar un poco más en el capítulo siguiente.

¿Qué quiere decir "autobiografía autorizada"?

Lo de "autorizada" quiere decir que el Mario Rabey biografiado autoriza al Mario Rabey autor a publicar todo lo que éste dice. De ninguna manera el biografiado se hace responsable por lo que dice el autor. En cuanto a lo que se dice de otras personas, no podemos dar (ni el biografiado ni el autor) ninguna seguridad de estar diciendo la "verdad". Es la escritura de recuerdos personales. De todos modos, cualquiera que quiera dejar de ser mencionado, que cambiemos lo que se dice, que agreguemos otras cosas, en fin, que modifiquemos los "hechos" aquí presentados, puede dejarnos un comentario al respecto.

Mario Rabey y Mario Rabey


Datos personales

Mi foto
El menor de los cuatro hijos de Benito Rabey y Dora Loyber, nací el 2 de abril de 1949. Trabajé desde los 16 años: asistente en un estudio jurídico (1966-1967), gerente de un grupo de industrias culturales –Manal, Mandioca, Mano Editora, Mambo Show- (1968-1970); artesano (1971-1972). Estudié Antropología en la Universidad de Buenos Aires (1972-1976); he sido docente e investigador universitario -desde ayudante de segunda hasta profesor titular, en diversas Universidades de Argentina y del extranjero, profesor de cursos de postgrado sobre ecología humana, evolución, multiculturalismo y estudios latinoamericanos, investigador científico , consultor en proyectos de organizaciones internacionales, nacionales, empresariales y sin fines de lucro. Formación Postdoctoral: Universidad de Texas en Austin - Comisión Fulbright (1990). Padre de cinco hijos: Pablo (34), Eva (32), Adriana (28), Lucía (26) y Nahuel (12).