Había empezado el invierno de 1972. Estaba en Buenos Aires de nuevo y, todavía divagando, fui a parar al departamento de unos nuevos amigos, madre e hijo, de los cuales no me acuerdo el nombre. Sí que ella era macrobiótica, cocinaba muy rico, tenía el departamento montado con muy buen gusto, muy sencilamente y con mucho orden. Un lugar realmente apropiado para reponerme de todos estos años de bella locura, ¡un verdadero delirio los años de mi vida entre los 18 y los 23 años!
Un día, charlando con mi amiga, me preguntó: ¿Y ahora, qué vas a hacer? Sin pensarlo, le contesté: "Voy a volver a la Universidad"
Me volvió a preguntar: "¿Qué vas a estudiar?". Y, pensándolo menos todavía, le contesté: "Antropología". Estoy casi completamente seguro de que, antes de esa conversación, desde mi retirada de la Universidad cinco años antes, no había vuelto a pensar en estudiar. Y más seguro todavía de que jamás en la vida antes había pensado en estudiar Antropología. Más aún, no tenía la menor idea de qué cosas se estudiaban en antropología.
Un par de días después, fui a la Facultad de Filosofía y Letras a inscribirme. Allí me dijeron que estábamos a mitad de año y que tenía que esperar hasta el año siguiente. Yo no podía esperar. De hecho, seguramente si no empezaba a estudiar inmediatamente, iba a cambiar de planes, como he hecho casi siempre que he encontrado dilaciones para empezar a ejecutar un proyecto. Insistí e insistí. Hasta que un funcionario, creo que el Secretario Académico de la Facultad, terminó accediendo, y yo empecé a estudiar pocos días después, en agosto del '72. A los tres años y medio, para fines de 1975, ya había terminado mis estudios y entregado mi último trabajo escrito, con el cual, una vez aprobado, estaba en condiciones de ir a pedir mi título universitario.
Así que, cuando ya estaba avanzado el invierno de 1972, me inscribí en la Carrera y en varias materias. Durante un tiempo, aprovechando unos pequeños ahorros, viví en una pensión a un par de cuadras de la Facultad -que entonces funcionaba en Independencia y Urquiza-, con lo cual no necesitaba gastar tiempo y dinero en viajes, tenía la biblioteca al lado y podría avanzar rápidamente en mis estudios. A fin de año, ya había aprobado cuatro exámenes, con buenas notas. Eso me permitió, al mismo tiempo, obtener una beca de estudios y ser designado más adelante ayudante alumno en un par de materias.
1972 era el año en que se iba preparando el retorno de Perón. El 22 de agosto fue la masacre de Trelew y los jóvenes universitarios, incluso los recientemente desembarcados de la contra-cultura como yo, estábamos terriblemente conmovidos por los acontecimientos. En retrospectiva, hoy me llama poderosamente la atención que no se me ocurría relacionar mi situación en ese momento, la de la Universidad y la del país, con mis militancias políticas pre-hippies, cuando estaba en el Colegio Nacional Buenos Aires.
En cambio, los acontecimientos se me imponían. Recuerdo que a fines de agosto o principios de septiembre, estaba en el aula magna de la Facultad -repleta- viendo una proyección de "La hora de los hornos". En medio de la proyección de la película, entró la policía al edificio de la Facultad, pegando con sus palos y lanzando gases lacrimógenos. Me imagino que hubo unos cuantos presos. En multitud, nos escapamos como podíamos, corriendo, saltando por las ventanas, e ingresando masivamente en la rapidísima politización estudiantil previa al retorno de Perón.
Ángel Stanich en Sala Aftasí, Badajoz
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Anoche tuve varias sorpresas, agradables a saber: la gran actuación de
Angel Stanich en la Sala Aftasí de Badajoz, un lugar sumamente agradable,
ambas cosa...
Hace 10 años
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