
Romay y Tinaire llamaronn a algunos artistas que habían participado en el Di Tella (Roberto Villanueva y Marilú Marini, entre otros), para adaptar y musicalizar la obra, y contratan para representarla en Buenos Aires a un grupo de jóvenes, entre los cuales yo recuerdo a algunos de los primeros hippies de Buenos Aires, como Sergio Makaroff y Horacio Fontova. Estaba también Cris, la novia de Luis Alberto Spinetta y Teresa Bogdan, que había sido mi pareja un par de años atrás. Varios de ellos habían armado un bunker en un hotel de Bartolomé Mitre y Uruguay, donde algunos vivían, y donde nos juntábamos con diversos amigos, como los hermanos Lafleur, entre otros.
Los hermanos Rafael Lafleur y Alejandro Lafleur eran dos personajes muy interesantes, creativos y simpáticos, a los que conocí allí. Rafael tuvo la idea de ir a hacer una comunidad en El Bolsón. Él había estado antes allí, donde conoció a un personaje llamado Chatruc, que tenía una casa bastante amplia, con un gran ambiente sin divisiones, a orillas del río Quemquemtreu, que ofreció para la experiencia comunitaria. Rafael describía el lugar con mucha precisión y lo fue construyendo en su relato como un destino mítico. Varios de los integrantes de la troupe de Hair se engancharon con la idea. Se sumó más gente, se compró una cierta cantidad de bolsas (de veinte kilos, creo) de arroz integral , otros ingredientes macrobióticos básicos (la dieta hippie por antonomasia) y artefactos de cocina. Un día, se compraron los pasajes y el grupo se fue para El Bolsón.
Se aplicaba la letra de un blues de Javier Martínez -que en su momento se había referido a una quinta en Monte Grande, en el sur del Gran Buenos Aires, pero que ahora se resignificaba para el sur del país-:
Una casa con diez pinos,
en el sur hay un lugar,
ahora mismo voy allá,
porque ya no puedo más,
vivir en la ciudad [...]
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