Yo me hice una amiga y me fui para El Bolsón unas semanas después de la partida del primer grupo. Recuerdo que fuimos en el tren que iba a Bariloche, y de ahí en ómnibus hasta El Bolsón, donde no nos fue difícil encontrar a nuestros amigos, preguntando por la casa de Chatruc a orillas del río Quemquemtreu.
El lugar era realmente fantástico, y pese a que recién estaba terminando el invierno, el sol y lo benigno del clima nos hacían sentir en primavera. La casa era de madera y tenía un gran ambiente donde dormíamos todos, sobre colchonetas y bolsas de dormir. Había una salamandra que manteníamos prendida toda la noche. Había una cocina a leña, donde se cocinaba para todos.
Con Rafael, Alejandro y algunos más, nos pusimos a hacer una huerta, con lo que pronto empezaron a crecer vegetales frescos para completar la dieta. Rafael además dibujaba, Alejandro Lafleur, Alejandro Marassi, Diego Villanueva y algún otro componían y tocaban música. Era una bella primavera la de 1971 en la comunidad hippie de El Bolsón.
Al poco tiempo, no recuerdo bien por qué, nos fuimos de la casa de Chatruc a un aserradero abandonado que quedaba en un lugar más inhóspito, aunque también mucho más hermoso. Para llegar a ese lugar, había que ir hacia el oeste, cruzar la Loma del Medio, y subir por la margen izquierda del río Azul. Me acuerdo especialmente del trabajo que hubo que hacer para arreglar el techo, con tejuelas de ciprés.
De allí, con una amiga, un día nos subirmos a dos caballos y nos fuimos de viaje -en una travesía que duró unas dos semanas- hasta Plottier, un pueblo pocos kilómetros río arriba de Neuquén en las riberas del río Limay. Allí paramos en la finca de un tío de Diego, que cultivaba manzanas y para el cual nos quedamos trabajando en la cosecha.
El viaje fue maravilloso. De El Bolsón salimos hacia el este y luego hacia el noreste, bordeando el río Limay, buscando evitar Bariloche y la ruta principal. Siempre por caminos de tierra, íbamos en jornadas de unos 40 kilómetros por día, parando en casas, puestos, estancias y a veces al aire libre. Estábamos a fines de la primavera de 1971, el clima era hermoso, nosotros muy jóvenes y ¡viajábamos a caballo!
De la cosecha de la manzana, después pasamos a la cosecha de la uva, en distintas fincas. Estuvimos por ahí al menos hasta principios de abril.
De ahí, con la plata de la cosecha, me fui a Buenos Aires en ómnibus. Desde allí volví a salir para un lugar que se llama Monte Comán donde una amiga, Bárbara, tenía unas tierras, donde pensábamos que se podía armar una nueva comunidad. No resultó interesante, de ahí me fui para el lado de El Bolsón, de nuevo. Pero antes de llegar me encontré con la rarísima historia de que los miembros de la comunidad se habían ido -junto con una pareja de norteamericanos, en una carpa de circo-, para el lado de Villa La Angostura. Allí fui, llegué de noche, ya era fines del otoño y hacía mucho frío. Fui a pedirle alojamiento al cura, que me indicó que las monjas de un convento cercano me podían alojar. Allí fui entonces, conseguí albergue y comida; yo cortaba leña para las hermanitas y unos días después me volví a Buenos Aires.
Sentía que estaba volviendo a la civilización.
Ángel Stanich en Sala Aftasí, Badajoz
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Anoche tuve varias sorpresas, agradables a saber: la gran actuación de
Angel Stanich en la Sala Aftasí de Badajoz, un lugar sumamente agradable,
ambas cosa...
Hace 10 años
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