(contra)memorias, por mario rabey


más de cuarenta años de construcción cultural de la Civilización, contra una Civilización que destruye y se destruye


contracultura es la reacción de las culturas

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30. Nos vamos a vivir a Tilcara. EIDEA: Equipo de Investigación y Desarrollo Andino


De vuelta en Buenos Aires, seguí las actividades con GIDEA, ganándome la vida con los cursos que estaba dictando. Unos meses después, me llegó la noticia. El CONICET había aprobado mi plan de investigación y, consecuentemente, mi incorporación como Investigador de Carrera, una posición con bastantes más honores que remuneración apropiada para vivir.

Para ser Investigador, el CONICET requiere una institución que acepte ser sede de los trabajos del Investigador. Yo había conseguido la firma del Decano de la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Belgrano para tener como sede su Instituto de Planeamiento. Ello implicaba que iba a estar viviendo en Jujuy porque allí iba a realizar mi actividad como antropólogo, pero con sede institucional en Buenos Aires ... lo cual significaba que ni siquiera iba a recibir el adicional remunerativo correspondiente a la zona (en diversas provincias, como Jujuy, se reconocen adicionales en el pago a los investigadores).

Entonces, le pedimos a Daniel González que nos consiguiera un lugar barato para alquilar en Tilcara: en esa época los alquileres eran muy baratos allá. Hoy -con el boom turístico de la Quebrada de Humahuaca y la suba de precios que se ha producido-, sería imposible repetir un esquema como aquél.

Con María preparamos una mudanza que no incluía muebles -excepto, me parece, una vieja heladera-, pero sí colchones, frazadas y sábanas, además de nuestra poco abundante ropa. En Buenos Aires quedaban algunas camas y algún ropero viejo. Despachamos los bultos por tren a Tucumán. Nosotros nos subimos con Pablo y Eva a la Citroneta, con alguna ropa para el viaje y una mañana de marzo de 1983, emprendimos viaje por la Ruta Panamericana, primero con rumbo a Santa Fé. Allí vivía mi hermano Jorge con su esposa Nati y sus tres hijas-.

Pasamos allí una tarde y la noche, y a la mañana siguiente seguimos viaje hasta Santiago del Estero, donde pasamos la noche en la casa de un ingeniero forestal con el cual me había conectado mi amigo Mauricio Prelooker.

Uno de los Cuadernos de EIDEA
A la mañana siguiente, reemprendimos viaje en la Citroneta. Pasamos por Tucumán, donde nos ocupamos de retirar los bultos que habíamos enviado por tren desde Buenos Aires, y reenviarlos como encomienda en camión a Tilcara. Y seguimos viaje. Al atardecer llegamos a Tilcara, a la casa donde vivía Daniel con su esposa Claudia Spione y su hija Natividad (Nati). Pasamos la noche en casa de ellos y al día siguiente nos mudamos a una casita que nos habían conseguido a cien metros del río, enfrente del que entonces era un próspero floricultor, Don Cruz Mendoza, y al lado da la casa del dueño de la propiedad, Rubén Pérez.

Había comenzado una de las etapas más creativas y de satisfactoria vida cotidiana de toda mi vida. En esa época, Tiilcara solamente recibía algunos turistas en verano, especialmente en enero, en sus dos o tres hoteles. Algunos habitantes -aunque realmente pocos- de la élite de San Salvador de Jujuy tenían una casa allí, que utilizaban -ellos y sus amigos- para pasar algunos fines de semana, eventualmente algunos días de las vacaciones de invierno, y una temporada en verano. Además, recibía en verano, pero especialmente en Carnaval, la visita de muchos tilcareños que vivían en San Salvador y en ciudades más al sur. A diferencia de Maimará y Humahuaca, otras dos localidades cercanas de la Quebrada de Humahuaca, Tilcara, como Purmamarca, era todavía un lugar reservado para la gente del lugar. Había entonces muy escasa gente de otros lugares extra-regionales -vivía en Tilcara alguna gente del resto de la Quebrada de Humahuaca, así como algunos nativos de la Puna y algunos bolivianos-. Prácticamente, la presencia permanente de gente nativa de lugares extraños a la región se restringía a los González y nosotros. Peter Edmunds, el hijo de un inglés que había tenido un cargo muy alto en el Ingenio azucarero La Esperanza, en San Pedro de Jujuy, vivía allí desde hacía años, por haberse casado con una jujeña con propiedad en el lugar.

En cuanto llegué a Tilcara, organicé mi equipo. En primer lugar, obviamente, incorporé a Daniel González, que se había recibido de antropólogo hacía algunos años y vivía de su sueldo en la Dirección de Cultura de la Provincia, trabajando primero en el Museo de la Posta de Hornillos (dirigido en esa época por el maravilloso Jorge Staude). Daniel había hecho trabajo de campo conmigo desde hacia dos o tres años, especialmente en el año anterior, mientras seleccionábamos el sitio para el Proyecto de Tecnología Apropiada. Además, incorporé a un arquitecto que vivía en Salvador de Jujuy, Rodolfo Rotondaro, quien estaba trabajando para la Municipalidad haciendo trabajos de rutina. Durante ese año, los ayudé a armar sendos planes para el CONICET, con los cuales cada uno de ellos obtuvo una Beca de Investigación dentro del proyecto. También se incorporaba al proyecto el biólogo Rodolfo Tecchi, quien poco después sería Secretario Académico de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA. También lo hacía su entonces esposa, la Geoóloga Graciela Bianchini.

En poco tiempo comenzaron nuestras actividades en Barrancas y en Tilcara, de las cuales hablaré más en detalle en el próximo capítulo.

Para sustentar institucionalmente al proyecto, creamos -sin ninguna formalidad- el Equipo de Investigación y Desarrollo Andino -EIDEA-, donde se incorporaron, además dos ingenieros jujeños, ambos profesores de la Facultad de Ingeniería de la UNJu (Universidad Nacional de Jujuy): Liliana Alemán y Adrián Canelada. Desde EIDEA presentamos la solicitud para -y obtuvimos- la beca de Iniciación en el CONICET de de Daniel Raúl González, dirigido por Rodolfo Merlino y co-dirigido por mí. Lo notable, es que EIDEA tenía mucha existencia real pero casi no tenía existencia formal,si es que tenía alguna. Organizamos eventos, editamos una publicación, hacíamos investigación, teníamos intercambio con investigadores e instituciones de diversos países. Pero nosotros no teníamos dependencia de ninguna  institución ni estábamos inscriptos en ningun registro.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Leer...escuchar...estas historias...ayudan a seguir... No hay murallas tan inmensas que dificulten el pasar!

Un abrazo,
Carolina M Calcagno.

Mario Rabey dijo...

Gracias Carolina por tu comentario y el interés en estas historias ...

Lucas.- dijo...

Grandes historias! Sigua escribiendo por favor!!!

Armando dijo...

Estimado Mario, casi 30 años después te encuentro en Internet buscando material para un artículo del semanario Brecha de Montevideo. Viví en Tilcara entre 1982 y 1983 (el año cuando tú llegaste al pueblo), en la querida parroquia del pueblo, con el padre Eloy Roy. Luego de alguna desavenencia con el cura canadiense, me fui a vivir a Salta, hasta 1987, cuando volví a mi país, donde resido desde entonces. No la hago más larga, porque es apenas una evocación personal. Si todavía los ves, mis saludos a Claudia y Daniel, y a los Pellicero. Abrazo desde Montevideo. Armando

Armando dijo...

Hola Mario, tengo una respuesta tuya en mi correo pero no la puedo leer. Te dejo mi blog sobre cultura, migraciones y patrimonio:
http://armandolveira.blogspot.com/
Abrazo desde Montevideo.
Armando

Cristian dijo...

Me encantaría irme a otra ciudad a investigar. Me gustaría vivir en un alquiler de casas en Montevideo y poder estudiar e investigar en dicha ciudad y disfrutar de la vida en Uruguay

¿Qué quiere decir "autobiografía autorizada"?

Lo de "autorizada" quiere decir que el Mario Rabey biografiado autoriza al Mario Rabey autor a publicar todo lo que éste dice. De ninguna manera el biografiado se hace responsable por lo que dice el autor. En cuanto a lo que se dice de otras personas, no podemos dar (ni el biografiado ni el autor) ninguna seguridad de estar diciendo la "verdad". Es la escritura de recuerdos personales. De todos modos, cualquiera que quiera dejar de ser mencionado, que cambiemos lo que se dice, que agreguemos otras cosas, en fin, que modifiquemos los "hechos" aquí presentados, puede dejarnos un comentario al respecto.

Mario Rabey y Mario Rabey


Datos personales

Mi foto
El menor de los cuatro hijos de Benito Rabey y Dora Loyber, nací el 2 de abril de 1949. Trabajé desde los 16 años: asistente en un estudio jurídico (1966-1967), gerente de un grupo de industrias culturales –Manal, Mandioca, Mano Editora, Mambo Show- (1968-1970); artesano (1971-1972). Estudié Antropología en la Universidad de Buenos Aires (1972-1976); he sido docente e investigador universitario -desde ayudante de segunda hasta profesor titular, en diversas Universidades de Argentina y del extranjero, profesor de cursos de postgrado sobre ecología humana, evolución, multiculturalismo y estudios latinoamericanos, investigador científico , consultor en proyectos de organizaciones internacionales, nacionales, empresariales y sin fines de lucro. Formación Postdoctoral: Universidad de Texas en Austin - Comisión Fulbright (1990). Padre de cinco hijos: Pablo (34), Eva (32), Adriana (28), Lucía (26) y Nahuel (12).